Cuánto cuesta una página web en Gran Canaria (y por qué los presupuestos no se parecen en nada)
Pides tres presupuestos para una web y te llegan tres números que no tienen nada que ver. Uno de unos pocos cientos de euros, otro que multiplica ese por cinco y un tercero que te hace pensar que se han equivocado con un cero. Y los tres dicen más o menos lo mismo: "web profesional, adaptada a móvil, con SEO".
Es la pregunta que más me hacen, así que voy a contarte lo que hay detrás de esos números. No te voy a dar una tarifa, porque sin saber qué necesitas sería mentirte. Pero sí vas a saber leer un presupuesto y detectar cuándo te están vendiendo humo.
No estás comprando lo mismo, aunque lo parezca
Una web se parece más a una reforma que a un producto de estantería. "Reformar la cocina" puede ser pintar los azulejos o tirar tabiques. Con las webs pasa igual, y casi nunca se explica en el presupuesto.
Estas son las cosas que de verdad mueven el precio:
- Plantilla o diseño a medida. Una plantilla comprada por 50 € y rellenada con tus fotos es más barata de hacer. Funciona, pero se parece a otras mil y cuesta cambiarla.
- Quién escribe los textos. Si te toca a ti, te ahorras dinero, pero es lo que más retrasa los proyectos. Y el texto es lo que hace que alguien te llame o se vaya.
- Lo que la web tiene que hacer. Una web que informa no es lo mismo que una que reserva citas, cobra, manda emails automáticos o funciona en tres idiomas.
- La base para Google. Hay webs que salen preparadas para aparecer en búsquedas y otras que Google tarda meses en entender.
- Lo que pasa después. Mantenimiento, cambios, copias de seguridad, quién responde cuando algo falla un sábado.
Los costes que no salen en el presupuesto
Lo barato suele salir caro por lo que no está escrito. Antes de firmar, pregunta por esto:
- ¿El dominio está a mi nombre? He visto negocios que no podían cambiar de proveedor porque el dominio era de la agencia.
- ¿Cuánto cuesta cada cambio? Algunas webs baratas se pagan luego a trozos, cambio a cambio.
- ¿Hay cuotas mensuales? Y si las hay, qué incluyen exactamente. "Mantenimiento" puede ser mucho o no ser nada.
- ¿Qué plugins o licencias de pago lleva? Hay webs que dejan de funcionar el día que caduca una licencia que nadie te dijo que existía.
- ¿La web es mía si dejamos de trabajar juntos? Código, textos, fotos y accesos.
Tres señales para salir corriendo
- Te garantizan el primer puesto en Google. Nadie controla Google. Quien lo promete no sabe cómo funciona o te está mintiendo.
- No te preguntan nada de tu negocio. Si el presupuesto llega sin saber quién es tu cliente ni qué te preguntan por WhatsApp, lo que te van a entregar es una plantilla.
- No puedes ver trabajos reales. Capturas bonitas sí, webs funcionando que puedas abrir, no. Mala señal.
La pregunta que casi nadie se hace
En vez de "¿cuánto cuesta?", prueba con esta: "¿cuánto me deja un cliente nuevo?". Si un paciente, un comprador o un inquilino te deja varios cientos de euros al año, una web que te trae uno o dos al mes se paga sola en poco tiempo. Y una web barata que no trae a nadie es cara aunque cueste poco.
Una web no es un gasto ni una inversión por sí misma. Depende de si te trae clientes o solo está ahí.
Por eso, cuando alguien me pide presupuesto, lo primero que hago no es calcular páginas. Es entender cuánto vale para ese negocio un cliente nuevo y qué tiene que hacer la web para conseguirlo. A partir de ahí el precio tiene sentido, sea el que sea.
Cómo trabajo yo el precio
Precio cerrado y por escrito antes de empezar, con todo lo que incluye y lo que no. Sin cuotas escondidas y con el dominio y la web a tu nombre. Puedes ver los proyectos en los que he trabajado en la página de proyectos, todos funcionando.
